LA NUEVA NORMALIDAD

El mundo se ha visto enfrentado a situaciones de riesgo general para la salud en muchas oportunidades y las epidemias más conocidas del siglo XX fueron: el virus del ébola en Africa, la gripe AH1N1,el síndrome respiratorio agudo grave (SARS), y el SIDA. En el caso de este último, fue el que llegó con más fuerza a Venezuela y su contagio se mantiene callado pero sin descanso, en razón de la alta promiscuidad sexual de nuestra sociedad.

A partir del año 2019 surgió en China el virus llamado COVID 19, cuyos efectos a nivel mundial, a un año después de declararse su existencia, son devastadores no solo por la cantidad de víctimas que ha ocasionado, sino por las condiciones sanitarias impuestas para su control. Quizás sea la primera vez en los tiempos modernos que el mundo se encuentra casi paralizado y sin un panorama claro en cuanto a restablecer la libre circulación.

Dese el punto de vista económico, se anuncia la pérdida de 225 millones de empleo, la sociedad entera se ha visto sometida  a un riguroso confinamiento y se ha hecho costumbre el uso de mascarillas, guantes y productos antisépticos como medida de prevención y de contención del virus. Este confinamiento ha generado reacciones diversas en el comportamiento individual y colectivo.

Estábamos acostumbrados a vivir en libertad y a compartir espacios públicos con presencia masiva de personas, hoy en día esas actividades no se pueden realizar o se hacen con poco público y en condiciones restringidas, a partir del 15  de marzo del 2020,cuando comenzó la cuarentena se generó una situación inédita para los venezolanos.

No estábamos acostumbrados  a estar confinados de manera compulsiva. Con ello se generó una nueva realidad: trabajar desde casa, clases virtuales para todos los niveles, permanencia obligada en el hogar durante las 24 horas. Ante semejante panorama, tener el mundo reducido al poco espacio de un apartamento impuso una revisión de nuestro comportamiento ante la necesidad de adaptarse para sobrevivir emocionalmente al COVID 19.

Fue necesario aprender a cultivar la paciencia y la tolerancia del entorno más cercano, virtudes que no son precisamente las que caracterizan una relación familiar. Se hizo necesario poner en práctica el espíritu de colaboración en el núcleo familiar y con nuestros vecinos. Gracias a la pandemia descubrimos que no hay inmunidad ante el riesgo de contagio, el covid nos hizo verdaderamente iguales.

Por otro lado, se ha desarrollado una fuerte corriente de fe, ante la convicción de que este flagelo en algún momento va a terminar,pero hasta ahora la ciencia no ha podido dar una respuesta clara sobre la forma de prevenir y contener el contagio. Se produce un continuo cruce de información sobre la creación de vacunas para prevenir del virus pero, parece que esto va más en sintonía con intereses políticos y económicos que con un verdadero interés por acabar con el problema.

Mientras se continúa con el confinamiento, las consecuencias de esta parálisis mundial comienzan a generar reacciones adversas en muchos países porque, quizás el efecto más visible y cuantificable es el económico, en lo emocional es más difícil de determinar pero, también hemos sido afectados en gran manera

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